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Dieta, nutrición y cambio corporal. Lección
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Consejos para aumentar las ganancias musculares
Programar el organismo para perder grasa y ganar músculo
Hoy aprenderéis una forma más sana y segura de eliminar el exceso
de grasa y no volver a recuperarla con la que no tendréis que calcular
el aporte calórico ni la cantidad de alimentos en gramos que debéis
consumir. Los principales culturistas, así como los mejores modelos
de fitness, utilizan los parámetros que os explicaremos a continuación
para transformar su físico en menos tiempo y ahora vosotros también
tenéis la oportunidad de hacerlo. Es un sistema eficaz y fácil de
llevar a cabo que, además, aumenta el rendimiento del atleta. Por
eso es el único que los preparadores del Programa MET enseñan a
sus clientes. Para dominarlo, leed atentamente este artículo y no
os perdáis los próximos números.
A la hora de preparar el terreno para adoptar el estilo de vida
culturista, lo más importante para la mayoría es mantenerse en forma
y controlar el peso corporal. Este asunto se presentó ante mis narices
hace unos años, cuando leí que los avances médicos habían hecho
posible que una persona de mi edad pudiera llegar a los 140 años
si se cuidaba. Según esta teoría, aún me quedaban 94 años por vivir,
por lo que decidí conseguir un cuerpo vigoroso, enérgico, equilibrado
y que me hiciera sentir bien para disfrutar del tiempo que me quedaba.
Todo el mundo desea estar siempre sano, en forma y recortado, independientemente
de la edad. Muchos trabajan muy duro para conseguirlo, pero más
de la mitad se rinde antes de empezar. ¿Por qué? Quizá se debe a
que estas personas siempre han sufrido sobrepeso, o han probado
miles de dietas sin éxito, u odian hacer ejercicio, o han machacado
su cuerpo como locos y ahora no logran escapar del estancamiento…
La lista de excusas que impiden deshacerse de la obesidad, la barriga
cervecera y la celulitis es infinita. Es este tipo de obstáculos,
los que hacen que la gente sólo aspire a un cuerpo aceptable en
lugar de inmejorable.
¿Y si descubrierais una táctica científicamente probada que permitiera
controlar el peso y gozar de la mejor condición física de forma
natural, sin la necesidad de recurrir a fármacos, ni de contar las
calorías o los gramos, ni de hacer una hora de ejercicio aeróbico
cada día? ¿Os interesaría?
Yo creo que sí y, gracias a esta serie de artículos, averiguaréis
los secretos que los preparadores del sistema MET han utilizado
en todo el mundo para ayudar a la gente a conseguir el físico que
deseaban y mantenerlo cada día. ¿A qué esperáis para deshaceros
de la grasa que os sobra y para construir músculo de forma natural
y a un ritmo mucho más rápido? Este método no tiene nada que ver
con las dietas de pacotilla que habíais seguido hasta ahora y que
no os habían reportado beneficios.
Tenéis todo lo que necesitáis para alcanzar vuestras metas sin
desviaros del camino. Es posible que hayáis malgastado mucho tiempo
con dietas inútiles, o que hayáis comido mal toda vuestra vida,
o que tengáis un problema glandular, o que os deis atracones de
tanto en cuanto, o que engordéis con sólo pensar en la comida, pero
no os preocupéis: el sistema MET está especialmente diseñado para
que logréis todo lo que os propongáis. Estoy convencido de su eficacia,
¿y vosotros?
Un sistema sin precedentes
La Dieta MET es uno de los mejores inventos en el terreno del culturismo
y el fitness, porque permite conseguir un cuerpo sin un ápice de
grasa y acelerar el crecimiento muscular y el proceso de recuperación.
Es el modo más sencillo y seguro de mantener un físico definido
y fuerte sin tener que calcular el aporte calórico ni el peso de
los alimentos consumidos.
El sistema debe su sencillez y su fiabilidad a sus principios,
fáciles de entender y de aplicar, y a los datos científicos y las
técnicas en las que se basa y que apenas se conocen fuera del culturismo
profesional. Os enseñaré todos estos aspectos paso a paso, así como
las diferentes maneras de implementarlos. Pero antes de empezar,
conviene que reflexionéis sobre la gravedad de los peligros asociados
al sobrepeso en una sociedad donde casi se han olvidado los buenos
hábitos alimentarios.
"Una invasión armada puede ser resistida, no
así la invasión de una idea cuya hora ha llegado" Víctor Hugo.
No más grasa
La obesidad se está convirtiendo en una epidemia mundial. Si no
os lo creéis, mirad a vuestro alrededor y veréis que está por todas
partes. Las personas deberían aprender nuevas vías para luchar contra
esta enfermedad. En 2003 la International Obesity Task Force (plataforma
de acción de la Unión Europea) calculó que más de la mitad de los
europeos podrían ser obesos o sufrir sobrepeso. En los Estados Unidos,
se estimó que dos terceras partes de la población adulta rebasaban
su peso ideal entre un 10% y un 20% y que la obesidad representaba
un 30,5% de todos los habitantes. En la actualidad, estas cifras
son demasiado bajas, porque el número de obesos se ha duplicado
desde 1980.
No es de extrañar que la gente de occidente presente una condición
física tan insuficiente y que la obesidad se esté extendiendo por
todo el mundo junto con el auge de la comida rápida y la cantidad
de información errónea que la gente lleva escuchando durante décadas
sobre lo que debería ser una buena alimentación.
Investigaciones recientes afirman que, por muy ligero que sea el
sobrepeso, sus implicaciones sobre la salud no deben pasarse por
alto. En un estudio que el Instituto Nacional del Cáncer realizó
hace unos meses, se observó que casi el 20% de las muertes prematuras
se deben al exceso de peso. En teoría, esta evidencia irrevocable
debería servir de estímulo para que los habitantes de todo el mundo
adoptaran un estilo de vida más saludable y cuidaran su dieta. El
problema no es tanto que no lo intenten, sino que los programas
alimentarios más populares no sólo impiden mantener los resultados
a largo plazo sino que empeoran los problemas de salud.
Cómo hemos llegado a esta situación
Nuestra concepción sobre lo que constituye una alimentación sana
y equilibrada se ha ido tergiversando a lo largo de este último
siglo. Cuando los pesticidas monopolizaron el campo y desterraron
a los campesinos y los pequeños terratenientes, el pan y los alimentos
en caja o en conserva fueron ganando fuerza y empezaron a abarrotar
las estanterías de los supermercados. Cuando la generación del Baby
Boom cumplió la mayoría de edad en los 60, se reveló contra
el sistema (sobre todo, en la Guerra del Vietnam) y contra los productos
procesados con los que se habían alimentado hasta entonces. Había
llegado la época de regresar al campo y de basar la dieta en alimentos
naturales, no procesados e integrales. Ahí empezó el movimiento
de la agricultura ecológica que todavía hoy sigue vigente y en plena
expansión.
Influidos por las grandes organizaciones de la salud, como la American
Heart Association, muchos norteamericanos empezaron a comer menos
carne roja. Pero no todos se sumaron a esta iniciativa. En los años
70 apareció la dieta Atkins, que permitía el consumo de todo tipo
de alimentos siempre que se limitara la ingesta de carbohidratos
a una ensalada verde. Lo cierto es que esta estrategia resultaba
sumamente eficaz a la hora de perder peso, pero a costa de obstruir
los vasos sanguíneos con grasas saturadas y de reducir el rendimiento
y los niveles de energía durante la práctica de ejercicio físico.
Esta estrategia dietética también perjudica los periodos de recuperación
entre sesiones y motiva pérdida de masa muscular limpia lo que,
a su vez, es una de las mejores vías para frenar la lipólisis.
Ya en los 80, la gente fue tomando consciencia de los peligros
de las grasas saturadas y aumentó la venta de productos sin grasa
o con un contenido muy bajo. En poco tiempo, las dietas sólo abogaban
por este tipo de alimentos y sus seguidores satisfacían su apetito
atiborrándose de tortitas de arroz, postres de tofu bajo en grasa
o pan y galletas saladas o dulces sin grasa.
El índice glucémico no se conoció hasta más tarde, por lo que la
gente bebía zumos de frutas y edulcorantes sin grasa cargados de
jarabe de maíz rico en fructosa sin preocuparse de nada y convencidos
de que no estaban atentando contra su propia salud.
Con el paso de los años, la obesidad se encendió como la pólvora
y se convirtió en una enfermedad a gran escala, porque la información
que la gente había recibido hasta entonces le hizo pensar que lo
mejor para eliminar el tejido adiposo era comer muy pocos carbohidratos
sin grasa. Pero lo que quizá no sabían en aquellos tiempos era que
la mayor parte de estos alimentos es de alto índice glucémico y
que, como tal, echa a perder el propósito de las dietas, porque
dispara las concentraciones de azúcar en sangre y las de insulina.
Cada vez que esto ocurre, el organismo experimenta una serie de
reacciones adversas, entre las que se encuentran el almacenamiento
de grasa, que no pueden solucionarse comiendo poco.
La insulina es necesaria para el organismo, porque es la encargada
de transformar la grasa depositada en energía. No obstante, los
alimentos de los que acabamos de hablar aceleran la producción de
esta hormona e impiden que ésta desempeñe sus funciones con total
eficacia, fomentando la acumulación de grasa y hasta un profundo
estado de letargia. Y por si eso no fuera suficiente, cuando esto
ocurre, los niveles de insulina bajan en picado y avivan el apetito
enseguida. Comer de nuevo estos alimentos no haría más que repetir
el ciclo e impedir que llegarais a vuestro destino. Así pues, no
se trata de consumir pocas calorías o de vigilar el porcentaje de
grasa, sino de tener en cuenta el índice glucémico.
Necesitáis un remedio que funcione, no otra dieta de moda que cuya
eficacia acabe siendo cuestionada con el paso de los años. Debéis
encontrar un sistema probado por científicos y basado en datos empíricos
que resulte válido para todo tipo de metabolismos y de cuerpos,
uno que os ayude a conseguir un cuerpo saludable y enérgico.
Renovarse o morir
¿Estáis preparados para conocer el por qué del éxito de la Dieta
MET? Para empezar, es fundamental comer los alimentos adecuados.
Recordad que las dietas bajas en grasa y pocas calorías pueden no
funcionar, porque los alimentos de alto índice glucémico que incluyen
aumentan las concentraciones plasmáticas de glucosa y favorecen
el acopio de tejido adiposo.
Las tortitas de arroz, por ejemplo, tienen pocas calorías, pero
como su índice glucémico es muy alto, inducen al aumento de peso.
Una taza de copos de trigo tiene un IG de más de 80 y el de un puñado
de dátiles es de 110. Muchas de las famosas bebidas light
contienen una gran cantidad de jarabe de maíz rico en fructosa,
una sustancia con un alto índice glucémico.
La primera clave es reconocer los alimentos que no debéis consumir
con el objetivo de estabilizar los niveles de azúcar en sangre y
los de insulina. Si seguís la Dieta MET al pie de la letra no dejaréis
de perder grasa, porque consumiréis carbohidratos de bajo índice
glucémico, grasas sanas y proteínas de alta calidad para evitar
los aumentos repentinos de insulina. Además, durante el proceso
disiparéis vuestras ansias de comer lo que no debéis o de daros
atracones y vuestro cuerpo quemará más grasa para crear energía.
Para que entendáis mejor los entresijos de la Dieta MET, me despido
con el apartado “Planificar las comidas”. ¡Hasta el mes que viene!
Planificar las comidas
Los alimentos ideales para lograr vuestros objetivos son el pescado,
la verdura, las carnes magras, según qué frutas, los batidos de
proteína no desnaturalizada UDA+ Protein, los cereales, los frutos
secos y las semillas. Priorizad los productos con un índice glucémico
entre el 1 y el 55. Conviene que comáis poca cantidad de los que
están entre 55 y 65 y que eliminéis de la lista aquellos cuyo índice
glucémico sea igual o superior a 65.
“La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo.”,
Alan Kay. Genio de la Informática/Visionario
Si optáis por la Dieta MET, deberéis hacer una comida trampa a
la semana a propósito. Respetad los buenos hábitos alimentarios
durante toda la semana (ingerid la óptima cantidad de carbohidratos
de bajo IG, grasas buenas y proteínas de alta calidad y distribuidlas
en cinco o seis tomas al día) y atiborraos de vuestros manjares
preferidos el sábado o el domingo o en cumpleaños y días señalados.
Con todo, proteged la dieta con los suplementos Fats Out Rx y Carbs
Out Rx de Venice Beach. Con ellos, minimizaréis el acopio de grasa
y podréis disfrutar de ese exquisito bocado. Gracias a ese día a
la semana, os libraréis de las ansias de comer alimentos prohibidos
y os costará menos seguir este plan nutricional sin precedentes.
Asimismo, procurad tomar una buena dosis de proteínas siempre que
podáis antes de iniciar el gran festín del día trampa. La ingesta
de grasas y proteínas (pollo, pavo, huevos o salmón) antes de la
toma principal ralentiza la descomposición y la digestión de los
nutrientes, mejorando el índice glucémico de los alimentos ingeridos.
Se trata de la segunda estrategia para disminuir el acopio de grasa
promovido por la comida trampa y para mantener estables las concentraciones
plasmáticas de glucosa. De todas formas, no es preciso que os hartéis
de proteínas antes de hincar el diente al bollo de chocolate...
Tres o cuatro bocados de una fuente rica en proteínas bastarán para
amortiguar los daños perpetrados por el consumo de productos poco
aconsejables. Seguid a rajatabla todas estas directrices y no tardaréis
en percibir los resultados que esperabais. No sólo perderéis grasa,
sino que ganaréis músculo con más rapidez y estaréis cargados de
energía durante todo el día.
Alimentos de bajo índice glucémico
- Aceite de oliva
- Acelgas
- Aguacates
- Ajo
- Albaricoques (frescos)
- Almendras
- Apio
- Arándanos
- Arroz integral
- Avellanas
- Bacalao
- Berenjenas
- Brócoli
- Calabacines
- Calabaza
- Capón
- Castañas de agua
- Cebolla
- Cebolleta
- Cereales integrales
- Cerezas
- Champiñones
- Cilantro
- Ciruelas
- Claras de huevo
- Col
- Coles de Bruselas
- Coliflor
- Cordero
- Crema agria
- Eneldo
- Espárragos
- Espinacas
- Frambuesas
- Fresas
- Gambas
- Garbanzos
- Guindillas
- Guisantes
- Guisantes chinos
- Habas de soja
- Harina de avena no instantánea
- Hinojo
- Jengibre
- Judías negras
- Judías pintas
- Judías rojas
- Judías tiernas
- Judías verdes
- Kivi
- Langosta
- Lechuga
- Legumbres
- Lenguado
- Lentejas
- Limones
- Lubina
- Mandarinas
- Manzanas
- Mejillones
- Melocotones
- Melón dulce
- Melón enano
- Mero
- Moras
- Nabos
- Naranjas
- Nectarinas
- Nueces
- Olivas
- Pan de pita
- Pasta integral
- Patatas dulces
- Pavo
- Pepinos
- Peras
- Perejil
- Pez espada
- Pimientos California
- Plátano
- Platija
- Pollo (carne blanca)
- Pomelo
- Puerros
- Queso feta
- Queso parmesano sin grasa
- Rábanos
- Rape
- Requesón sin grasa o bajo en materia grasa
- Salmón
- Salmón ahumado
- Sardinas
- Semillas de soja
- Sopa de lentejas
- Ternera magra
- Tofu
- Tomates
- Trucha
- Verdura de hoja verde
- Vieira
- Yogur sin materia grasa
- Zumo de tomate
- Salsas para pasta (sin jarabe de maíz ni azúcar)
- Grasas y aceites insaturados
- Aceite de oliva virgen extra
- UDA+ Protein de Venice Beach, el mejor suplemento no procesado
ni sobrecalentado que proporciona los aminoácidos que el cuerpo
necesita.
Alimentos de alto índice glucémico que debéis evitar
- Aceite de palma
- Aceite de semillas de palma
- Alimentos fritos
- Arroz blanco o instantáneo
- Arroz o trigo precocinados
- Arroz rissotto
- Barquillos
- Bastones de pan
- Bebidas con gas (cola)
- Bebidas de arroz
- Bebidas dietéticas (Gatorade©)
- Bollería industrial
- Caramelos
- Cereales procesados
- Cruasán
- Cualquier tipo de pasta excesivamente cocinado
- Cualquier tipo de salsas en lata o caseras (con jarabe de maíz,
miel o azúcar)
- Empanada
- Fideos blancos
- Fideos en lata
- Frutos secos
- Galletas
- Galletitas saladas
- Gnocchi
- Gofres
- Grasas saturadas
- Harina
- Helado
- Jarabe de maíz
- Macarrones con queso en lata
- Magdalenas
- Maicena
- Mangos
- Mantequilla
- Margarina
- Melaza
- Melón de agua
- Mermeladas azucaradas
- Miel
- Mijo
- Muesli
- Palomitas de maíz
- Pan blanco
- Pan blanco sin gluten
- Pan de centeno integral
- Pan de masa fermentada
- Panceta
- Panecillos
- Panecillos para hamburguesas
- Panecillos para perritos
- Papaya
- Pasta blanca
- Pasta en lata (con o sin salsa)
- Pastel
- Patata blanca y roja
- Patatas fritas
- Perritos calientes
- Picatostes
- Piña
- Pizza
- Plátano
- Postres de tofu
- Pudín
- Puré de patatas
- Queso curado (excepto el parmesano y el feta)
- Rellenos del pan
- Remolacha
- Repollo
- Rosquillas
- Sopa de guisantes en lata
- Tacos
- Tiras de maíz
- Todos los azúcares
- Tortita de maíz
- Tortitas de arroz
- Tostadas de centeno
- Tostadas Melba
- Trigo blanco
- Uvas (ricas en sacarosa)
- Uvas pasas
- Zanahorias cocinadas
- Zumo de frutas
“Sois lo que hacéis de forma repetida. La excelencia
no es un hecho aislado, es un hábito.”, Aristóteles, filósofo y
científico (384-322 a.C.)
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