ZMA, puede ser el eslabón que necesitáis

Por Xavier Fox

Estáis tumbados en la banca y sentís cómo las leyes de la gravedad ejercen una presión insostenible sobre la barra y, en consecuencia, sobre vuestros brazos, hasta que al final os dais por vencidos. No sois capaces de aguantarlo, ya que se necesita mucha energía para entrenar como una mole, y con el tiempo habéis perdido fuerza. Si algún día queréis subiros a un escenario y lucir un aspecto como el de Dorian, Ronnie o Jay, no os podéis permitir el lujo de fracasar en una sesión de entrenamiento. El camino al éxito requiere un trabajo muy duro, que vendrá determinado por la energía y fuerza de la que dispongáis.

Los estudios demuestran que es común que los culturistas presenten carencias de zinc y magnesio, debido a la sobrecarga a la que están expuestos habitualmente. Es evidente que un sobreesfuerzo conlleva un desgaste nutricional considerable. Sin embargo, el simple hecho que los culturistas realicen entrenamientos extremos no es la única causa de esta necesidad de nutrientes. Además, debéis dedicar un tiempo a que el cuerpo se repare, ya que es vital que os recuperéis de estas sesiones que por defecto provocan tantas carencias. De esta manera, es fácil entender por qué la dieta de un atleta requiere suplementación, sobre todo cuando se trata de zinc y magnesio, ya que estos dos nutrientes ejercen sus funciones en muchos de los sistemas que controlan las hormonas, el desarrollo de los músculos esqueléticos y la capacidad para generar y mantener la energía. Una carencia de estos componentes puede causar un desorden en el organismo y dificultar vuestro éxito en el escenario.
El magnesio juega un papel vital en más de 300 procesos metabólicos del organismo, por lo que la insuficiencia de éste provocará el descontrol del sistema endocrino. Algunas de estas funciones son vitales para los culturistas, como la glucólisis, la proteólisis y la lipólisis, o la síntesis del trifosfato de adenosina (ATP). Pensad por un momento en la importancia que tiene este componente en nuestro organismo, ya que si se interrumpe la glucólisis, por ejemplo, no se degradará la cantidad de carbohidratos necesaria para convertirlos en piruvato y así generar ATP y NADH, moléculas que ejercen como fuente de energía. Toda esta cadena de acontecimientos provocará que no podáis aguantar el nivel de exigencia requerido en un entrenamiento de campeón. Además, si el cuerpo no puede degradar los carbohidratos, no sólo sentiréis cómo os quedáis sin pilas, sino que estos se acumularán en vuestro trasero y parecerá que tengáis 20 kilos de chicle en lugar de músculo.
Por otro lado, si no se lleva a cabo la movilización de las grasas, no es difícil imaginarse los resultados, ya que vuestro aspecto empeorará de manera considerable al no eliminar la adiposidad. Además, si se ralentiza el metabolismo de las proteínas ya os podéis ir olvidando de ser atletas profesionales porque se esfumará hasta la más mínima posibilidad que tuvierais de serlo. A la incapacidad para degradar la proteína se une el problema de disponer de ella para convertirla en otros componentes que sirven para reparar y generar más músculo. Las proteínas están implicadas en la producción de muchas hormonas que controlan la cantidad de testosterona, de la hormona del crecimiento, y del IGF-1 (factor de crecimiento) que el cuerpo secreta. Éstas afectan directamente a la cantidad de músculo que podéis ganar y mantener, a la grasa que podéis quemar y a la energía que producís.

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