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Nathalie Hunt, el "patito feo" del fitness
Por Mike Lackner Foto: Amir Marandi
El desarrollo emocional del ser humano viene determinado por las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. En nuestro camino, nos encontramos con multitud de retos que nos muestran nuestro potencial. La modelo de fitness Natalie Hunt sabe bien de lo que hablo, ya que afrontó sus retos con una enorme tenacidad. En el momento más determinante de su vida, Natalie logró sus propósitos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el destino estaba en sus manos y de que nadie la frenaría en su lucha por convertirse en lo que quisiera.
La infancia ya es de por sí difícil y constantemente surgen nuevos desafíos. Los niños deben ir a la escuela, aprender las reglas sociales y adaptarse a un cuerpo que sufre cambios continuamente, y el hecho de trabar una amistad les mantiene ocupados y manifiestan muchos altibajos. Desgraciadamente, cuando un niño no encaja en el grupo, los otros pueden llegar a ser muy crueles por su falta de tolerancia. Los compañeros de Natalie se reían de ella en el colegio porque la consideraban poco atractiva e incluso ella se describe como una niña “feísima, tímida, con gafas, con el pelo corto y encrespado, y con una boca llena de dientes sacada de una película de terror”. A menudo sus compañeros le ponían motes, le tiraban objetos en el comedor e incluso la llegaron a confundir con una estudiante con discapacidad. Llegó un punto en el que Natalie prefirió comer en los baños del colegio antes que ser literalmente el blanco fácil de los niños en el comedor.
¡Ojalá sus compañeros vieran el aspecto que tiene ahora! La antigua marginada se convirtió en cisne y, aquellos niños que se burlaban de ella, ahora darían cualquier cosa para llamar su atención mientras las chicas desearían locamente ser como ella. El “patito feo” fue la campeona del Ms. Bikini America National y del Ms. Fitness America National. Además, inició su carrera como modelo a jornada completa: aparecía en las revistas, incluso en las portadas, le pagaban por dar su imagen en promociones y anuncios publicitarios y en programas de televisión. Empresas del calibre de Pepsi o el jabón Dove requerían sus servicios para representar la firma, además de equipos profesionales, cadenas de gimnasios, empresas de suplementos, fabricantes de ropa de baño y programas de televisión. Además, el gigante mediático estadounidense World Wrestling Entertainment le ofreció un contrato para participar en la cadena. Otra muestra más de que, como bien dice el refrán, quien ríe el último, ríe mejor.
A pesar de su lucha constante para integrarse en la sociedad, sus padres la apuntaron a gimnasia cuando tenía cuatro años, y le sirvió para ser disciplinada y determinada desde niña además de ser una actividad que le interesaba. Natalie pasaba muchas horas practicando y cuando tenía siete años, mostró aptitudes propias de atletas veteranos con mucha más experiencia. Le encantaba este deporte y, a pesar de padecer asma crónica desde su nacimiento, nada ni nadie la podía detener, por muchas dificultades que le comportara y, aunque sólo fuera una niña, ya destacaba por su asombrosa fortaleza.
Con diez años una enfermedad por poco terminó con su vida. Natalie contrajo el síndrome del shock tóxico estreptocócico, un trastorno muy poco común, que evolucionó de manera desfavorable y provocó que permaneciera con asistencia artificial y en coma durante tres semanas. En ese tiempo también le diagnosticaron sepsis, el síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, que surgió como consecuencia de shock tóxico, además de varias flebitis, insuficiencia renal y, por último, fallo multiorgánico y cardíaco. Los médicos no le daban esperanzas de vida y advirtieron a su familia de lo peor.
El índice de supervivencia de esta enfermedad es muy bajo y los médicos tiraron la toalla en cuanto vieron que no se podía hacer más. Por otro lado, la familia se vio obligada a tomar la decisión de retirarle la asistencia artificial que la mantenía con vida. La familia entera se reunió en el hospital para darle el último adiós y la desconectaron. Ya habían organizado su funeral porque no le respondía ningún órgano, el corazón había dejado de latir y se colapsaron los pulmones. Sin embargo, y de manera inesperada, se despertó del coma y empezó a respirar sin asistencia. Fue un milagro y, desde aquel día, Natalie atribuye su recuperación a la intervención divina y al estado físico que le aportó la gimnasia.
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